
La Educación en Venezuela: Entre la Resistencia y la Realidad de la Desesperanza
Opinión10/02/2026
ElMartilloVen
En medio de un país que lucha por mantenerse a flote entre las aguas turbulentas de la crisis económica, social y política, la educación en Venezuela se enfrenta a un panorama sombrío que contradice la imagen romántica de resistencia y esperanza que algunos pretenden proyectar. A pesar de los esfuerzos de los educadores y estudiantes por mantener un sistema educativo que aún conserva su valor simbólico, la realidad es que las condiciones en las que se encuentra la educación pública en Venezuela no permiten soñar con un futuro próspero.
La Crisis del Sistema Educativo
Al pensar en la educación venezolana, uno no puede evitar recordar a figuras como Tulio Ramírez, quien en su artículo "Educación: Mito y Olvido" nos recuerda que el sistema educativo en Venezuela no solo ha sido abandonado, sino que ha sido marginado por políticas públicas erráticas y por la falta de una inversión seria en infraestructura, salarios y recursos básicos. Según Ramírez, “la educación ha sido un mito creado para justificar la existencia de un sistema que en los hechos no garantiza ni calidad, ni igualdad”. Este “mito” que algunos tratan de venerar como un espacio de resistencia, en realidad se ha convertido en una trampa en la que las generaciones más vulnerables siguen atrapadas, mientras la precariedad se agudiza cada año.
La falta de una infraestructura adecuada es uno de los puntos más críticos que enfrenta la educación en Venezuela. Las escuelas están deterioradas, los docentes carecen de herramientas pedagógicas esenciales y los estudiantes, incluso los más comprometidos, se enfrentan a condiciones de estudio cada vez más insostenibles. Las aulas están sobrepobladas, los techos se caen a pedazos y los materiales de estudio, en su mayoría, son obsoletos. Según datos del Foro Penal Venezolano, más del 80% de las escuelas públicas del país no cuentan con las condiciones mínimas para ofrecer una educación de calidad.
¿Resistencia o Desesperanza?
No podemos hablar de “resistencia” cuando lo que vivimos es una verdadera lucha por la supervivencia dentro de un sistema educativo que agoniza. En lugar de resistir a la adversidad, los estudiantes y profesores se ven obligados a adaptarse a un contexto de total precariedad. El docente venezolano, lejos de ser un héroe en lucha, se encuentra en una encrucijada donde sus esfuerzos son continuamente frenados por los bajos salarios y la falta de condiciones laborales. En muchos casos, los educadores recurren a trabajos adicionales, abandonan sus vocaciones por necesidad o, simplemente, abandonan las aulas debido a la imposibilidad de subsistir.
Las políticas gubernamentales, más que ser un motor de cambio, han perpetuado este ciclo de deterioro. El gobierno ha mostrado una falta de voluntad para enfrentar de manera seria y estructural los problemas del sector educativo. En lugar de invertir en la modernización del sistema, se han implementado parches que solo agravan la crisis. La ley educativa, en su visión optimista, solo refleja un intento de mantener una apariencia de estabilidad mientras el sistema se desangra lentamente.
Por otra parte, diversos estudios e informes sobre la crisis educativa en Venezuela señalan que, alrededor del 40% de los estudiantes ha abandonado sus estudios en los últimos años debido a la severa situación económica del país. La escasez de alimentos, el aumento de los costos de transporte y los materiales escolares, junto con la dificultad de las familias para cubrir los gastos de uniformes, han sido factores claves en esta deserción. Además, muchos de los que logran permanecer en el sistema educativo no terminan la primaria o secundaria debido a la falta de recursos, la migración de docentes y el deterioro de las infraestructuras escolares.
Un informe de Acción Solidaria y otras organizaciones como CENDES (Centro de Estudios del Desarrollo de la UCV) y Fundación Empresas Polar (FEP) resaltan que la crisis afecta principalmente a los estudiantes de las zonas más vulnerables del país. En particular, la FEP ha señalado que una gran parte de los niños y jóvenes que abandonan las aulas se deben a la incapacidad de las familias para sostener los costos asociados a la educación. La migración masiva de profesores, la escasez de materiales educativos y la deteriorada infraestructura escolar son otros factores que limitan el acceso a la educación de calidad en Venezuela.
La Educación: Un Derecho Vulnerado
Si bien es cierto que los estudiantes de la UCV y de otras universidades públicas del país siguen siendo ejemplos de lucha, no podemos ignorar que la educación se ha convertido en un privilegio más que en un derecho. La promesa de igualdad, de una educación accesible para todos, ha quedado en el olvido. Aquellos que pueden costear una educación privada se convierten en la élite que perpetúa las desigualdades sociales, mientras que los estudiantes de las universidades públicas siguen enfrentando barreras económicas, académicas y psicológicas debido a la constante incertidumbre.
Además, el empobrecimiento de las condiciones de vida de los estudiantes afecta su rendimiento académico. El constante estrés por las dificultades para llegar a la universidad, la falta de comida en casa o la precariedad de los servicios básicos, como el agua y la electricidad, pone en jaque la capacidad de los estudiantes para concentrarse en sus estudios. No se puede pedir que los estudiantes se conviertan en la "esperanza del país" cuando las condiciones sociales y materiales para su formación se han desplomado.
La Necesidad de una Reforma Real
Es imperativo que el sistema educativo venezolano sea reformado desde sus cimientos. Esta reforma debe pasar por un cambio estructural que no se limite a reformas superficiales. El Estado debe garantizar el derecho a una educación de calidad, lo cual implica una inversión seria en infraestructura, capacitación docente y una política salarial que dignifique la profesión educativa. Sin estos elementos, cualquier discurso sobre “resistencia” se convierte en una falacia que sólo perpetúa el sufrimiento de las generaciones futuras.
La reforma educativa también debe incluir una revisión profunda del currículo, que debe adaptarse a las necesidades del siglo XXI y a la realidad venezolana. Los jóvenes deben ser formados en competencias que les permitan acceder a una amplia gama de oportunidades, tanto dentro como fuera del país. Ignorar estas necesidades solo aumenta la brecha de desigualdad entre los que tienen acceso a una educación de calidad y los que no.
La educación en Venezuela es, en muchos sentidos, una lucha diaria contra un sistema en ruinas. Si bien es cierto que hay esfuerzos individuales y colectivos por mantener viva la llama del conocimiento y la esperanza, la realidad es que lo que estamos viviendo es un proceso de desgaste que no solo afecta a los estudiantes, sino a toda la sociedad. Hablar de "resistencia" y "esperanza" sin reconocer la magnitud de la crisis es ignorar una realidad que nos golpea a todos. Solo a través de un compromiso real y tangible con la educación, que incluya una reforma profunda y estructural, podremos aspirar a un futuro en el que la educación deje de ser un mito y se convierta nuevamente en una herramienta de transformación social.
En palabras de Tulio Ramírez, "la educación en Venezuela es un mito que ya no tiene la capacidad de engañar a nadie". Necesitamos un cambio, y ese cambio debe comenzar por reconocer que el sistema educativo ha sido olvidado, que la resistencia no es suficiente y que la esperanza sin acción es solo una ilusión.
Por: Yovanny Gutiérrez Gutiérrez, presidente del centro de estudiantes y representante estudiantil (1P) ante el Consejo de la Escuela de Educación UCV, gestión 2024-202 / Jailene Tirado, representante estudiantil ante el Consejo de la Facultad de Humanidades y Educación UCV, gestión 2024-2026.
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